La rana de cristal Yaku (Hyalinobatrachium yaku) es una pequeña especie endémica del Ecuador descrita científicamente en 2017. Ha sido registrada en las tierras bajas amazónicas de Napo, Orellana y Pastaza, asociada a bosques húmedos y vegetación cercana a quebradas y cursos de agua.
Su rasgo más extraordinario está en el vientre. Como otras especies de su género, posee tejidos ventrales transparentes, pero en H. yaku también el pericardio es transparente, permitiendo observar directamente el corazón latiendo dentro de su cuerpo. Su dorso, en contraste, es verde manzana o verde amarillento, con pequeños puntos amarillos y manchas verde oscuro que ayudan a diferenciarla de especies cercanas.
La relación con el agua está incluso en su nombre: “yaku” significa agua en kichwa. Los machos suelen vocalizar desde la parte inferior de las hojas que cuelgan sobre los cursos de agua y participan en el cuidado de las puestas. Cuando los renacuajos eclosionan, caen al agua y continúan allí su desarrollo.
Esta dependencia de quebradas limpias y bosques conservados también la hace sensible a los cambios de su entorno. Desde su descripción científica se han señalado como amenazas potenciales la pérdida y contaminación del hábitat asociadas a actividades extractivas y transformación del bosque amazónico.
Pequeña y casi invisible entre las hojas, la rana Yaku revela una de las maravillas más íntimas de la Amazonía ecuatoriana: un animal cuyo corazón puede verse latir a través de su piel y cuyo nombre recuerda que toda su historia comienza junto al agua.